Hoy por hoy, tomar medidas de mitigación para reducir contaminantes medioambientales es de gran importancia para las empresas de diversos rubros. Muchas industrias han llegado más allá de las normas establecidas por las leyes y compromisos internacionales y de su mero cumplimiento. Esto porque han entendido que la constante vigilancia de sus procesos, colabora con la reparación, adaptación y mejora del impacto medioambiental, demostrando que es imprescindible tomar medidas reparatorias y compensatorias que lleguen más allá de lo legal.

Contar con un plan de medidas de mitigación, reparación, y compensación ambiental, limitará considerablemente el efecto adverso que provocan sostenidamente en el medio ambiente las industrias al realizar sus faenas.

El Plan de Acción Nacional de Cambio Climático 2017-2022 (PANCCII), “se trata  de  un instrumento  de  política  pública  que integra  y  orienta  las acciones a tomar con respecto al cambio climático”. Este documento, como bien es sabido por los profesionales atingentes al rubro, da cuenta de que el cambio climático es netamente influencia de la intervención humana en el mundo entero.

Si a las industrias implicadas en este daño no se les ponen frenos, es posible que éste aumente, y junto con ello, la probabilidad de impactos graves generalizados e irreversibles en las personas y los ecosistemas.

No obstante, este plan, hace alusión a la existencia de opciones de mitigación ante este cambio climático, las cuales deben ser ejercidas de manera rigurosa para conseguir el objetivo de hacer que el impacto se mantenga en un nivel controlable, para lograr un futuro más sostenible, hecho que – ante la mirada del mundo y de la opinión pública- está siendo foco de atención cada vez más.

Chile se posiciona como un país altamente vulnerable ante este impacto medioambiental que provocan las empresas que emanan emisiones contaminantes y esto se amplifica dada la geografía del país, hecho fatídico que ha sido declarado por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC): Habla de que Chile “posee áreas costeras de baja altura; zonas áridas y semiáridas;  zonas  de bosques; territorio susceptible a desastres naturales; áreas propensas a sequía y desertificación; zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica; y ecosistemas montañosos.

Ante tales antecedentes, Chile – como miembro de la CMNUCC – presentó su contribución nacional tentativa (INDC6), Contribución Nacionalmente Determinada (NDC7) en septiembre del 2015 y en febrero de 2017. Así es como el Congreso de Chile ratificó el acuerdo de París en la COP21 y se comprometió a generar acciones  nacionales que permitan contener el cambio climático bajo el umbral de +2°C, respecto de la época pre-industrial e, idealmente, bajo +1,5°C., lo que demuestra que hace más de 6 años nuestro país viene haciéndose cargo del tema.

En 2019, Chile  aceptó  el  desafío  de  liderar  y  organizar  la  COP25, impulsando, nuevamente,  la urgencia de llegar a metas para una mayor  reducción  de  emisiones  de  gases  de  efecto invernadero, que permitan detener el aumento de la temperatura del planeta por debajo de los  2°C, guiando  los esfuerzos a 1,5°C, en línea con lo que nos indica la evidencia científica, y actualizando la  NDC. La Actualización 2020 de la NDC explica que esta “se dio en forma paralela a la elaboración del Proyecto de Ley Marco de Cambio Climático para Chile, por lo que fue diseñada de tal forma de alinear compromisos climáticos internacionales con las directrices e instrumentos que propone el Proyecto de Ley. En dicho proyecto, se establecen los objetivos climáticos del país en el largo plazo, los principios que guiarán la acción climática, y al mismo tiempo, las estructuras y arreglos de gobernanza climática que permitirán avanzar hacia una economía baja en emisiones y resiliente al clima”.

Basándonos en estos hechos, las industrias comprometidas en el impacto medioambiental, deberían hacerse cargo de la reparación, adaptación y mejoras más allá de la Ley, para no sólo demostrar su compromiso de sostenibilidad, sino que también para demostrar al mundo y opinión pública, que sus procesos de producción están siendo evaluados constantemente en pos de frenar el cambio climático, el cual si no se detiene ahora, traerá consecuencias fatídicas para las nuevas generaciones.

Tras estos antecedentes, un líder de proyecto dentro de una empresa, para lograr estos objetivos deberá darle prioridad a realizar los esfuerzos necesarios para que las emisiones  de  gases  de  efecto invernadero sean mitigadas de manera eficiente y responsable.

Estos esfuerzos se verán recompensados al provocar una imagen positiva, y la percepción de los consumidores y proveedores cambiará, beneficiando a la empresa con la mantención, y tal vez aumento, en el consumo de sus productos o servicios. Hoy, las personas optan por organizaciones que demuestren su responsabilidad ante los daños que sus acciones puedan afectar a la vida humana, la biodiversidad y la vida de los animales.

El desafío, finalmente, es mantener el crecimiento económico acompañado por el respeto al medio ambiente, cumpliendo y yendo más allá de las normativas, alcanzando el desarrollo de las empresas en perfecto equilibrio con la sostenibilidad, contribuyendo con los sistemas de gestión ambiental que colaboran con la automatización de procesos de mitigación, y ahorrar en recursos y costes propias de los procesos de una empresa.

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